Días de incógnito, donde los búhos, pasan de inadvertidos, pero atentos a todo sonido y movimiento que hay en su entorno. Cautos a todo ente sospechoso, dudoso y extraño. Huelen todo tipo de emociones que emerge de los cuerpos inquietos y eufóricos. Y al caer la noche, latentes están, pues sosegar inviable es, y con sus ojos abiertos, alarmados resisten la oscuridad.
Semejante a ellos, estamos nosotros, los intolerables a esos ruidos que merodean de pensamiento en pensamiento, ¡Luctuosos ruidos que no dejan dormitar!
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